Ecuador conmemora el bicentenario de la Batalla del Pichincha

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Por: Marcos Vásquez

Ecuador celebra el bicentenario del acontecimiento histórico que se produjo un 24 de mayo de 1822, el cual, dio paso a la independencia definitiva de lo que actualmente se lo conoce como la República del Ecuador. Esta lucha por la independencia tuvo lugar en lo alto de las faldas del volcán Pichincha, a más de 3 000 metros sobre el nivel del mar, cerca la ciudad de Quito, entre las tropas del comandante Antonio José de Sucre y su opositor realista Melchor Aymerich.

Pese a que este triunfo de la independencia de los ecuatorianos se dio la madrugada del 24 de mayo de 1822, la historia data mucho más antes que esta fecha. La lucha de los “rebeldes” inició con el denominado “Primer Grito de Independencia”, que tuvo lugar la mañana del 10 de agosto de 1809, en donde los patriotas sorprendieron a los comandantes españoles de la guarnición de Quito y sitiaron el Palacio Real, actual Palacio de Carondelet, con el fin de entregar al conde Ruiz de Castilla, quien era el presidente de la Real Audiencia, el oficio mediante el cual se le había cesado de sus funciones.

El éxito de este triunfo, se basó en una estrategia que consistía en jurar una falsa lealtad al cautivo rey Fernando VII, por lo que fue la única rebelión en la que no se produjeron enfrentamientos armados. Sin embargo, las autoridades españolas (peninsulares) dispusieron eliminar la rebelión movilizando tropas desde Guayaquil, Popayán y Pasto con la misión de tomar Quito y acabar con los insurrectos. Muchos de ellos fueron encarcelados en el Cuartel Real de Lima (actual Museo de Cera), hecho que terminó en la masacre de los próceres el 2 de agosto de 1810.

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Una década más tarde, ya en 1820, el general de brigada Antonio José de Sucre, comandante en jefe de la División Sur del ejército colombiano y el subordinado de mayor confianza de Simón Bolívar, arribó a Guayaquil, ciudad que para entonces ya había formado su independencia en el mismo año. El principal objetivo consistía en asumir la dirección del ejército patriota, y empezar las operaciones con miras a la liberación de la ciudad de Quito y todo el territorio de la Real Audiencia de Quito.  

Es así que, para enero de 1822, Sucre ya había organizado una nueva campaña, la cual consistía en la reclusión aproximadamente de 1700 hombres, entre veteranos de sus campañas anteriores y nuevos reclutas. A nivel de su tropa se encontraban hombres de las tierras llanas de la Provincia de Guayaquil y voluntarios que provenían de la Sierra, como el héroe cuencano Abdón Calderón. Como refuerzo tenían a venezolanos enviados por Bolívar, unos cuantos oficiales y soldados españoles que habían cambiado de bando, un batallón entero de voluntarios británicos e incluso unos cuantos irlandeses y franceses.

Para la madrugada del 23 de mayo de 1822, el ejército patriota, conformado por 2971 hombres, empezó a ascender por las laderas del volcán Pichincha. En la vanguardia estaban 200 colombianos del Alto Magdalena, seguidos por el ejército principal de Sucre; en la retaguardia estaban los británicos del Albión, batallón creado por Simón Bolívar, protegiendo el tren de municiones.

Cuando amaneció, para consternación de Sucre, el ejército no había logrado un avance significativo, hallándose literalmente a mitad del camino, a 3500 metros sobre el nivel del mar y a la vista de los centinelas Realistas en Quito. Melchor Aymerich, comandante de las tropas realistas, consciente de la intención de Sucre de flanquearlo por medio del ascenso al volcán, ordenó a su ejército de 1894 hombres ascender la montaña lo más pronto posible, para enfrentar ahí a Sucre. Al haberse encontrado en un campo de batalla tan improbable, los dos comandantes no tuvieron otra opción más que enviar gradualmente sus tropas a la batalla. Existía poco espacio para maniobrar en las empinadas laderas del Pichincha, entre profundos barrancos y densos matorrales.

El destino de la batalla para los patriotas parecía depender del Albión, que transportaba las municiones que el ejército de Sucre necesitaba; y, sin embargo, se desconocía su paradero. A medida que el tiempo pasaba, los realistas parecían ganar el control de la batalla.

Aymerich, como parte de su estrategia, durante el ascenso al Pichincha separó de su fuerza principal al batallón Aragón, ordenándole avanzar hasta la cúspide del volcán, para así luego atacar a los patriotas por la retaguarda, rompiendo sus líneas en el momento indicado. El Aragón era el mejor batallón del ejército realista; estaba conformado por veteranos españoles que habían actuado tanto en Guerra de la Independencia Española como en otras batallas en América del Sur, y en ese momento se hallaba sobre los patriotas y listo para atacar.

Afortunadamente para los patriotas, cuando el Aragón estaba por cargar sobre la línea patriota, fue detenido en seco por el Albión, que entró inesperadamente en la batalla. Resulta que el Albión consiguió avanzar a una posición más alta que la de los españoles. Pronto, el Magdalena se unió a la batalla, y el Aragón tras sufrir fuertes bajas, se desintegró. Entonces el Magdalena avanzó hasta la línea Patriota para reemplazar al Paya, y cargó contra la línea Realista, que terminó por romperse.

La derrota de las fuerzas españolas condujo a la liberación de Quito y aseguró la independencia de las provincias que pertenecían a la Real Audiencia de Quito, también conocida como la Presidencia de Quito. La batalla permitió que diferentes territorios vecinos fueran impulsados a lograr su independencia.

Con este histórico antecedente, los ecuatorianos celebran con gran entusiasmo el patriotismo de aquellos héroes de la Batalla del Pichincha, quienes, gracias a su don de valentía, dieron lugar al nacimiento de lo que hoy se conoce como la actual República del Ecuador.

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