Depurar el río Tahuando y eliminar malos olores por descargas, los objetivos prioritarios de PTAR


La acción básica de respirar es un martirio para los moradores del barrio Galo Larrea, ubicado en la parte baja de la denominada “loma de las antenas”. Los malos olores que emanan las aguas servidas que llegan al colector Ajaví y se descargan al río Tahuando por una quebrada, invaden constantemente el ambiente.

El hedor se siente con más intensidad cuando el día es soleado, comenta la líder barrial Liva Lara. Aunque este problema tiene más de 30 años, no ha podido acostumbrarse. “A los últimos seis alcaldes de Ibarra les hemos solicitado ayuda y sólo Álvaro Castillo nos ha escuchado. Ahora vemos que la solución definitiva está cerca”, manifiesta.

Es que en pocas semanas, los moradores de este sector no tendrán que cubrirse la nariz y la boca para respirar, pues la Empresa Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (Emapa) ya trabaja en la instalación de 360 metros de tubería para interceptar el 60% de las descargas que genera la urbe y transportarla a la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR).

“Al momento sólo nos falta colocar 36 metros del ducto. Según la planificación, los trabajos concluirán a mediados de enero y con ello se eliminarán los malos olores generados por el gran flujo de líquidos sin tratamiento. Así, la PTAR comenzará a descontaminar el 80% de descargas de la ciudad”, dijo Arturo Fuentes, gerente de Emapa.

La noticia de que en Ibarra la mayor parte de aguas servidas van a ser tratadas y descontaminadas en una moderna infraestructura, la esperaba hace décadas don Polivio Cárdenas, fundador del barrio Galo Larrea. A sus 78 años, asegura que ya había perdido las esperanzas de que el problema que ocasiona el mal olor desaparezca.

Sin embargo, el hombre escuchó en una radio local que el Municipio de Ibarra a través de la Emapa invirtió 33 millones de dólares en la construcción de la PTAR que desde julio ya trata el 20% de descargas. Por eso ya sabe que las aguas servidas que emanan el hedor cerca de su casa y son arrojadas sin tratamiento al río Tahuando, tendrán otro destino.


“Durante años tuvimos que sellar las ventanas para evitar el ingreso del aire a la casa. Todo ese tiempo hemos gastado mucho dinero en ambientales para combatir la molestia. Y por si fuera poco, nuestra ropa nunca se ha secado con el sol para evitar que se impregne ese desagradable tufo en la tela”, lamenta.

Desde el barrio El Olivo, ubicado al otro lado de la quebrada, todavía se puede observar como ese 60% de aguas residuales de la ciudad que recoge el colector Ajaví, caen por una quebrada y forman un pequeño afluente de color marrón, que metros más al norte desemboca en el río Tahuando y lo contamina.

Ese torrente de desperdicios es uno de los principales focos de contaminación de este ícono natural de Ibarra. Actualmente su estado es crítico, argumenta Dayana Albán, directora de Gestión Ambiental del cabildo. Asegura que el nivel de contaminación por descargas es tal, que se ha convertido en un río muerto en el área urbana.

“Hasta hace poco, todas las aguas servidas eran arrojadas al Tahuando y durante años destruyeron su cuenca. Durante los años 80’ todavía se podía encontrar peces en sus aguas, ahora no queda rastro de vida en el río. Todo el ecosistema está muy afectado, sin embargo, los procesos de la PTAR ayudarán a reducir al máximo la contaminación”.

Cuando terminen los trabajos de interceptación de todas las aguas servidas de la ciudad, la primera Planta Automatizada de Tratamiento de Aguas Residuales del país, procesará 1.656 m 3 /h. Pero la capacidad máxima, según el diseño de tratamiento es de 6.624 m 3 /h. Es decir, que el tratamiento de las descargas de la ciudad durante los próximos 30 años está garantizada.